El Sacramento del Altar

Como un jefe de familia debe enseñarlo en forma muy sencilla a los de su casa. 

¿Qué es el Sacramento del Altar? 

 Es el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de nuestro Señor Jesucristo bajo el pan y el vino, instituido por Cristo mismo, para que los cristianos lo comamos y bebamos.    

¿Dónde está escrito esto?

Así escriben los santos evangelistas Mateo, Marcos y Lucas, y también San Pablo: “Nuestro Señor Jesucristo, la noche en que fue entregado, tomó el pan; y habiendo dado gracias,  lo  partió y  dio a sus discípulos,  diciendo:    Tomad, comed; este es mi cuerpo que por vosotros es dado. Haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, y habiendo dado gracias, la dio a ellos diciendo:  Tomad,  y bebed de ella  todos;  esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por vosotros para remisión de los pecados. Haced esto, todas las veces que bebiereis, en memoria de mí”.
 

¿Qué beneficios confiere el comer y beber así?     

 Los beneficios los indican estas palabras: “por vosotros dado” y “por vosotros derramada para perdón de los pecados”. Es decir, por estas palabras se nos da en el Sacramento perdón de pecados, vida y salvación. Porque donde hay perdón de pecados, hay también vida y salvación.   

¿Cómo puede el comer y beber corporal hacer una cosa tan grande? 

Ciertamente, el comer y beber no es lo que la hace, sino las palabras que están aquí escritas: “Por vosotros  dado” y “por vosotros derramada  para perdón de los pecados”.  Estas  palabras  son,  junto  con  el  comer  y  beber corporal,    lo principal  en  el  sacramento.      Y el que cree dichas palabras, tiene lo que ellas dicen y expresan;  esto es: “el perdón de los pecados”.  

¿Quién recibe este Sacramento dignamente?   

 El ayunar  y  prepararse  corporalmente  es,  por  cierto,  una  buena  disciplina externa; pero verdaderamente digno y bien preparado es aquel que tiene fe en las palabras: “por vosotros dado” y “por vosotros derramada para perdón de los pecados”.  Mas  el  que  no  cree  estas palabras o duda de ellas, no es digno, ni está preparado; porque las palabras “por vosotros” exigen corazones enteramente creyentes.